I + D + C

abril 27, 2016 - 8 minutos de lectura

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INNOVACIÓN + DESARROLLO + CACHONDEO

EN LA CIUDAD MÁS ANTIGUA DE OCCIDENTE

En los últimos tiempos se han hecho famosas las siglas I+D, símbolo de Investigación y Desarrollo que se aplica a entidades públicas o privadas que desarrollan nuevos productos o mejoran los existentes por medio de la investigación científica.

Pensando en estos conceptos actuales de crecimiento y economía, me parece increíble que Cádiz cada vez se parezca más a una solitaria ciudad del lejano Oeste con su bola de paja rodando. Me sorprende, porque hemos sido la voluptuosa cuna de la Innovación y del Desarrollo desde tiempos fenicios y ahora agachamos la cabeza a la cola de Europa como una criaturita que no ha hecho los deberes.

Vivimos en un mundo globalizado donde los estereotipos están cada vez más generalizados y la imagen de éxito que nos venden va relacionada con gente seria y estirada que usa una terminología rebuscada y moderna que incluye muchas palabras en inglés. Los medios de comunicación terminan imponiendo modelos sociales, que se asumen por la «cultura de masas». Pero, ¿qué ocurre con aquellos sectores de la sociedad que no siguen los estereotipos? Ciertamente, terminan siendo víctimas de diversas formas de discriminación y relegación a un segundo plano como le viene ocurriendo a Cádiz.

La teoría que expongo, viene a poner de manifiesto, que la idiosincrasia de Cádiz no tiene porqué ser algo meramente anecdótico, sino una fórmula de diferenciación y de innovación que podría suponer la clave para desmarcarnos en muchas áreas, tanto la humanística como la científica.

Hablando el otro día con gente foránea, me decían que estaban decepcionados porque esperaban encontrarse gente disfrazada y contando chistes por la calle… aunque fuera octubre. Les dije que no llevamos el bombo y la caja a cuestas todo el día y que aunque les parezca extraño, no redactamos los informes de la oficina rimados como un romancero.

Después pensé… ¿y qué pasaría si hiciéramos algo parecido?

Nos gusta la risa y nos gusta provocarla en los demás. Pero eso lo dejamos a un lado a la hora de crear, de investigar o de presentarnos a un trabajo, porque pensamos que no damos sensación de formalidad.  Está demostrado que la risa mejora la salud, ofrece sensación de bienestar y que las personas que más ríen caen mejor y tienen mejores relaciones sociales. Pero a pesar de todo esto, y que Cádiz lleva la risa como estandarte, tenemos el mayor índice de paro. Hay algo que no cuadra.

La personalidad de la ciudad, la naturalidad y la creatividad instantánea a la hora de contestar y de sacar la chispa a cualquier noticia sorprende a la gente de fuera. La manera de ver la vida, siempre desde el lado positivo, cantarle a las injusticias y sacarle punta a una situación chunga, son teorías que si te las cuenta una persona experta en Inteligencia Emocional de Boston te las crees a pies juntillas. Si lo dice uno de Cádiz, que de verdad se lo aplica porque lleva dos años en paro y mantiene su sonrisa intacta, le toman como al pito del sereno.

En la empresa Google pusieron una mesa de billar para favorecer la creatividad de la plantilla. Digo yo, que para aprovechar nuestro potencial, podríamos poner un mostrador en la oficina y al ritmo del 3×4 generar ideas nuevas.

No somos serios/as, ¿y qué? Eso no debe jugar en nuestra contra, ni mucho menos. El complejo de inferioridad que tenemos debemos superarlo y otorgarle importancia a nuestra propia manera de hacer las cosas. ¿Por qué todavía nos sigue inspirando más confianza un señor en traje de chaqueta que una chica con tatuajes y piercings? Los políticos van enchaquetados siempre ¿Acaso nos han demostrado honradez, eficacia y sinceridad?

Yo la verdad es que veo la foto del Consejo Europeo y se me ponen los vellos de punta. Ya que van a mangar por la cara, que me hagan ameno el telediario y salgan con una camiseta de rayas y una bola de plástico atada al tobillo. Mangan, si, pero con gracia.

El imaginario colectivo debe cambiar, y cuando sepamos imprimirle rigor a nuestro sello y quitarnos el palo que tenemos metido por el culo, nos daremos cuenta de que las cosas pueden ser de otra forma, y quizás serían mejores. El cachondeo  bien entendido, puede ser un medidor de eficacia, ya que está comprobado que sin ocio se vive peor y se rinde menos.

La transgresión implica un riesgo, pero las cosas diferentes son las que triunfan. Las que siguen los patrones convencionales, serán mediocres. Se adaptarán al medio, pero sin regalarle al mundo nada nuevo. Sinceramente creo que se peca de catetismo cuando se relega a segunda clase el folklore y las costumbres de un pueblo, ya sea porque no son las tendencias que nos imponen las potencias más fuertes o porque no son lo suficientemente guays para el mundo cultureta.

Si nos dejamos arrasar por los prejuicios ante lo supuestamente “chabacano” perderíamos grandes personalidades y movimientos de expresión, que no contaban con el beneplácito de “esas personas que crean tendencias”. Van Gogh, Charles Chaplin, Rocío Jurado, Frida Kalho, Marie Curie, Coco Chanel, Ferrán Adriá, Helen Keller o Freddie Mercurie, suponen un referente en la ciencia y el arte, porque fueron fieles a su estilo a pesar de no contar en un principio con la aprobación social. Su perseverancia les hizo ser únicos/as e imitados por otras personas.

I + D + C

Investigación, Desarrollo y Cachondeo, puede ser nuestra fórmula, original y genuina. Una fórmula que nos haga fuertes, y que imprima a los proyectos mayor eficacia y repercusión. Nuestra manera de hacer las cosas debe ser exportada y aplicada a productos y servicios. Somos así y nos gusta.